Se trata de uno de los templos lisboetas en los que se refleja con más pureza el equilibrado estilo del renacimiento portugués. La iglesia de San Vicente , cuya reconstrucción fue dirigida por el arquitecto italiano Terzi , tiene una fachada de tipo italiano, sobria y simétrica, con torres a cada lado y las estatuas de los santos Agustín, Sebastián y Vicente sobre la entrada. Dentro, los ojos son atraídos hacia el baldaquino barroco de Machado de Castro, por encima del altar, flanqueado por estatuas de madera de tamaño natural. El antiguo monasterio agustiniano adyacente, con acceso por la nave, conserva su cisterna del siglo XVI y vestigios del antiguo claustro, pero es más visitado por sus azulejos del siglo XVIII. Entre los paneles de la entrada, junto al primer claustro, están representadas escenas de ataques de Alfonso I de Portugal (Alfonso Enríquez) a Lisboa y Santarém. Alrededor de los claustros, los azulejos, con escenas rurales, rodeados por dibujos florales y querubines, ilustran las fábulas de La Fontaine
En este monasterio hay un pasadizo mediante el que accedemos a un refectorio donde descansan los sarcófagos pétreos de la mayoria de los reyes de la dinastía de João IV.
El templo fue eregido en honor a San Vicente , un santo antiguamente muy popular en Lisboa.
Una leyenda afirma que en 1173 embarrancó en el Tajo una barca sin remos ni remeros , dirigida por un par de cuervos , en la que iba el cuerpo de San Vicente , que había sido torturado por los árabes en el Algarbe. Tras haber sido trasladados los restos del santo a un lugar seguro , los dos cuervos se dirigieron hacia la catedral de lisboa , en una de cuyas torres anidaron.


Vista aerea de la iglesia de São Vicente de Fora y el claustro agustino anexo